Discos Probeticos

CATÁLOGO

Maestros - Rafael Riqueni (1994)

Alegro soleá y Fantasía de Cante Jondo - E. Morente y Antonio Robledo (1995)

Pablo de Málaga - Enrique Morente (2008)

Omega - Enrique Morente y Lagartija Nick (2008)

Flamenco Cabal - Juan Gómez (2008)

Antonio Grau "Rojo Alpargatero" hijo. El último de una saga flamenca (2008)

[OMEGA]
Enrique Morente, 1996 (Reed. 2008)

Vision de Enrique Morente de un Poeta en Nueva York de F. G. Lorca


1.Omega 2.Pequeño vals vienes 3.El pastor bobo 4.Manhattan 5.La Aurora de Nueva York 6.Sacerdotes 7.Niña ahogada en el pozo 8.Adán 9.Vuelta de paseo 10.Vals en las ramas 11.Aleluya 12.Norma y paraíso de los negros 13.Ciudad sin sueño.

 

Jam Albarracín   (julio, 2008)
La batería de Erik se eleva en un tenso redoble sobre el fondo saturado e industrial de las guitarras de Lagartija Nick. Cortan en seco y Morente suelta un quejío espeluznante. Las gaviotas huyen temerosas, el cielo torna color vino y los dioses del océano esgrimen en guardia sus tridentes. Está sonando Omega, la canción que da título al sobrecogedor concierto del mayor genio en activo de la música en España: Enrique Morente.

Nos hartaremos de leer inexactitudes. La mayor de todas, que Omega es un espectáculo que aúna rock y flamenco. Como mucho, flamenco, rock y poesía. Pero es mucho, muchísimo más que eso. No es sólo poesía: es Lorca, nuestro poeta más visceralmente brillante y universal. No es sólo flamenco: es Morente, el más grande y la duda ofende. No es sólo rock o noise-rock: es Lagartija Nick, una banda irregular pero capaz de generar una tensión que es su mejor argumento.

Y en medio está Leonard Cohen, a quien no presento porque no soy digno de entrar en su casa, quien adaptó magistralmente Poeta en Nueva York de Lorca -con tanto amor que acabó poniéndole Lorca a su hija- y quien a su vez es adaptado por Morente en Omega. ¿Una combinación ganadora? Bueno, si se es capaz de manejar y estar a la (elevadísima) altura, pero también un duelo de contrastes, un cortejo de opuestos, una maravilla que va más allá de su capacidad cierta de trasgresión.

El espectáculo se dividió en dos mitades, cada una de una hora de duración. En la primera, Enrique Morente se hace acompañar por sus guitarristas flamencos (David Cerreduela y el gran Paquete), además de por un cuadro de cante y otro de baile, estupendos ambos.

El inicio, todos en semicírculo, es impresionante y da muestra de la grandeza de lo que vamos a vivir. Un martinete a modo de liturgia con el que van dejándose inyectar el veneno del duende. Cuando la intoxicación ya es irreversible, el maestro los manda sentar y continúan por alegrías de Cádiz y a continuación con la primera gota de Omega, la acústica El pastor bobo, Lorca en vena: "El pastor bobo guarda la careta / de los pordioseros y de los poetas".

La grandeza de Morente/Omega, además de en esa capacidad suya para que su cante suene a verdad, radica en la coherencia con la que se enfrenta a Lorca y más en concreto a "Poeta en Nueva York". Como el verso del poeta, su cante es preciso, apasionado pero alejado de ese efectismo de voz rota que tanto se lleva hoy entre los cantaores flamencos. Los colchones de palmas, los coros sostenidos y la inquietud que genera Lagartija Nick son los acompañantes perfectos para ese paseo por la gran tela de araña de la ciudad que, cual mantis religiosa, nos corteja, nos ama y nos devora a un tiempo. Somos sus invitados y también su alimento. Ni podemos ni queremos escapar.

Lorca lo sabía, Cohen también. Morente nos lo canta, erizándonos la piel, a golpe de Omega, Aleluya, Manhattan, Vuelta de paseo, Pequeño vals vienés y Ciudad sin sueño. Sin aliento, así es como nos dejó el maestro.

 

 

 

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